
Esta tecnología se basa en guardar la información en proteínas fotosensibles. Dichas proteínas provienen de una bacteria que habita en ciénagas saladas, la
Halobacterium salinarum.
Esta bacteria almacena luz solar en forma de energía química. Cuando la luz incide sobre ella, es transformada en una serie de moléculas intermedias, cada una con una forma y color determinados, antes de volver a su “estado tierra”. Estas moléculas intermedias tan sólo duran horas o días, así que el profesor junto con otros han alterado el ADN de la bacteria para que dichas proteínas produzcan moléculas intermedias que duren varios años. Además, también ha aumentado su resistencia a las altas temperaturas.
La lectura es muy sencilla, una proteína en “estado tierra” se considera un cero y una proteína en cualquiera de los estados intermedios es un uno. Para escribir información se precisa un láser que incida sobre las proteínas que necesiten ser unos y modifique su estado.
La cantidad de información que se puede almacenar es muy densa, debido a que las proteínas tienen tan solo unos pocos nanómetros, y se llega a hablar de capacidades de hasta 50 Terabytes.
Noticia obtenida por participación en el Concurso de: Alvaro Atias y Víctor Cárdenas